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La Vanguardia- Suplemento ES: El peso de las amistades rotas (Jordi Jarque)

El sufrimiento por los amigos que se pierden por el camino puede ser tan doloroso como el de las parejas que dejan de serlo, sin embargo, poco se habla de ello. Los expertos valoran el lugar que ocupa la amistad y su función.

Hay estadísticas para casi todo excepto para las amistades rotas. Se habla del duelo por la crisis que se sufre al romper con la pareja, pero no hay nada sobre el dolor que produce cuando un amigo deja de serlo. Hay grupos para trabajar las crisis de pareja y su ruptura, encuentros de personas que padecen determinadas enfermedades, pero nada sobre amigos que se pierden. Y en los tiempos que corren, donde la relación de un número importante de parejas ya no es para siempre, parece como si una de las cosas más estables fuera la relación de amistad. Así que, según para algunos, coge mayor relevancia el amigo, a quien se le cuentan las crisis sufridas y celebran las alegrías. Tal vez el valor más preciado de la amistad sea la sensación de libertad, sin expectativas, o como mínimo, sin demasiadas expectativas o menos expectativas que con la pareja, los hijos u otros familiares, en donde el peso de “hay que hacerse porque es la familia”, generalmente no se da en una relación de amistad; se hace porque se quiere, no hay contrato legal ni tradición familiar. Entonces, si es porque se quiere, con total libertad, ¿por qué duele cuando el amigo desaparece?

¿De dónde viene la virulencia del amigo que se convierte en enemigo? ¿Tantas cosas se han callado? ¿Cómo se entiende la amistad?

La amistad es celebrada y sufrida por cualquiera cuando se rompe. ¿Qué pasó por la mente de Eduardo Saverin cuando se sintió traicionado por Mark Zuckerberg, el fundador de Facebook? ¿O Carl Gustav Jung cuando el padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, lo desheredó intelectualmente porque Jung indagó en los terrenos de la espiritualidad? La amistad de Jean Paul Sartre y Albert Camus también se resintió al no coincidir sobre el papel del activismo político, y buceando en la historia reciente o de siglos pasados, parece que la amistad y el sentimiento de traición surgen asociados en demasiadas ocasiones. Según Malka González Bayo, psicóloga y analista junguiana, “la ruptura de una relación profunda de amistad puede llegar a pesar casi tanto como la de una pareja que se rompe, aunque sean dos vínculos distintos”. Y Rosa Sabaté, psicóloga y coach, lleva talleres de gestión emocional y asegura que la ruptura de una amistad no deja de ser una pérdida que puede llegar a ser muy dolorosa. “Si son amigos desde niños, han crecido juntos pasando por la adolescencia, la universidad, incluso cuando han formado una familia y en un momento determinado el contacto desaparece, eso duele mucho por la intensidad y complicidad de esta relación”. Malka González Bayo añade que si la relación de amistad ha sido un vínculo importante, el dolor y la sensación de pérdida esmuyintenso. “La amistad representa un vínculo en equilibrio, y perderlo, por tanto, nos desequilibra”.Y Josefa Cucó, catedrática de Antropología Social de laUniversitat de València, añade que la amistad no deja de tener un fuerte componente ritual asociado a un reconocimiento social. Y al perder una amistad es como si también se perdiera una parte de este reconocimiento social.

También hay quien asocia la amistad con libertad, así que cuando se pierde un amigo es como si perdiera una porción donde se podía respirar esa libertad. ¿O hay algo más instintivo en esa ruptura y lo de la libertad en la amistad no es totalmente así? Según algunos investigadores de la Universidad de Pensilvania hay mucho que perder con una amistad rota. Uno de estos investigadores, Peter DeScioli, antropólogo que trabaja en el equipo de la Universidad de Pensilvania, ha estado indagando sobre las funciones de la amistad y lo que se gana y se pierde con ellas, cómo esto puede estar vinculado con un sentido de la moralidad o formas de hacer en el mundo, y con las estrategias que se establecen para hacer frente a los conflictos. Junto con RobertKurzban, profesor en el departamento de Psicología de la citada universidad, publicaron en el año 2009 en la revista científica Plos One, las conclusiones de una investigación titulada The alliance hypothesis for human friendship (La hipótesis de la alianzaen laamistad humana). Según esta hipótesis, la idiosincrasia de la amistad es la alianza, una alianza que se crea para hacer frente a situaciones conflictivas que puedan producirse con terceros, aunque de estas alianzas no se espera nada a cambio de manera inmediata. Es como una inversión de futuro. Los investigadores llegaron a esta conclusión tras valorar las respuestas de los participantes en el estudio,quienes clasificaron a sus amigos según parámetros como la cantidad de secretos compartidos.

En dicha investigación, los expertos detectaron que para las personas es importante saber qué lugar se ocupa en relación con el amigo de entre todos los demás, de tal manera que se valora ser más o menos amigo, según esta perspectiva. RobertKurzban explica que con esta nueva hipótesis sobre la amistad, se puede entender mejor este anhelo por ser el mejor considerado como amigo por encima de los demás. Es un anhelo que puede desembocar en comportamientos agresivos y celos entre el grupo de amigos, incluso la ruptura de la amistad si las expectativas depositadas en cuanto a ser valorado no se cumplen. Peter DeScioli comenta que no sentirse valorado por el amigo debilita la alianza entre ellos y esto produce inseguridad. Tener una alianza consolidada es garantía de superar los conflictos. Y en los tiempos presentes parece que la conflictividad está más cerca, es una amenaza que remueve el mundo de los afectos. ParaMalka González Bayo, en este tiempo de crisis “la gente necesita vínculos estables y sólidos que nos recuerden quienes somos y quienes fuimos. Los amigos son nuestros referentes, son parte de nuestra memoria vital y emotiva. Aquellos con los que somos capaces de narrarnos sin reservas y con los que dar y recibir se encuentran en armonía”.Y Rosa Sabaté insiste en que todo “dependerá de cada persona y de las reacciones que se producen ante una misma circunstancia. Hay quienes tras romper con la pareja, valoran más la relación de la amistad y, por tanto, la sufrirán más si después la pierden. Pero hay quienes ante una crisis de pareja, le darán más valor al trabajo. Le dedicarán más energía y tiempo. También dependerá del amigo que se pierde”.Malka González Bayo comenta que hay varios niveles de amigos y, por tanto, complicidades diferentes. Eso marcará el dolor de la pérdida. Además, cuando se tiene una pareja, es una, pero amigos se tienen varios, añade Rosa Sabaté. “Cuando pierdes un amigo, a nivel emocional queda repartido porque tenemos más amigos. Otra cosa es que el que se ha perdido sea el amigo del alma, o hay personas que sólo han tenido una única relación de amistad. Evidentemente, estas vivirán con mucha intensidad la sensación de abandono. Se sentirán desprotegidas. Será un duelo intenso”.No hay grupos de autoayuda en ese sentido “porque hasta ahora no ha habido una cultura amplia de las relaciones afectivas más allá de las estrictamente familiares y a la amistad se le ha dado un lugar complementario, pero no central –explica Malka González Bayo–. Al menos yo no conozco ningún círculo específico que trate este tipo de pérdida, si bien ocupa un gran lugar en las sesiones psicoterapéuticas”. Es una pérdida aparentemente invisible aunque la amistad es un valor universal. Rosa Sabaté asegura que la amistad no depende tanto de las culturas como del individuo y sus etapas. “La experiencia modela el valor de la amistad y su pérdida. Para un niño de cinco años el valor de la amistad es distinto que en la adolescencia, que a los 30 años o a los 60”. Por ejemplo, en la adolescencia tiende asociarse la relación de la amistad con la inclusión en el grupo y los ritos de paso hacia la madurez. Malka González Bayo matiza que el valor de la amistad también cambia según las funciones que las distintas culturas le otorgan.“Hay culturas más comunitarias y culturas más individualistas, modelos más convencionales y modelos más solidarios entre los miembros del grupo, esto también depende de los modelos religiosos. Por ejemplo, nuestra cultura judeocristiana tiende a valorar altamente la entrega y la generosidad ante el amigo, ya que representa al prójimo (más próximo), y a través de él construimos nuestra autoimagen ética y de valores”. Desde esta perspectiva, perder un amigo es como perder una porción de sí mismo. Por perder se puede perder también salud. Según una investigación dirigida por Lynne C. Giles, del departamento de rehabilitación y cuidados a personas mayores de la Universidad de Flinders, en Australia, y publicado en el 2004 en la revista Journal of Epidemiology and Community Health, la amistad prolonga la esperanza de vida de las personas mayores. Para llegar a estas conclusiones, los investigadores realizaron un seguimiento durante diez años a 1.477 personas de más de 70 años, en el que observaron el entorno relacional de esas personas mayores. Y tener amigos aumenta las posibilidades de vivir mejor, resulta más beneficioso que la relación que se produce con los familiares. Será porque la amistad se elige y los familiares aparentemente no. En cualquier caso, y como señala Otto Scharmer, un economista experto en liderazgo y dinámica de grupos del Instituto de Tecnología de Massachusetts, el futuro de las relaciones de amistad pasa por un modelo social donde “todos colaboran entre sí y fomentan el respeto a la libertad y la comprensión del pensamiento ajeno, por mucho que sintamos que pueda estar equivocado”. Pero cuando se ha perdido a la pareja porque se ha marchado con tu mejor amigo, no es tan fácil asimilarlo, puntualiza Rosa Sabaté. Una experiencia más, y como casi cualquier conflicto, superable. Para Eduard Vinyamata, profesor de Conflictologia de la Universitat Oberta de Catalunya, “la reconciliación es un proceso en el que las partes involucradas en un conflicto inician una relación que les lleva a una comprensión mutua de lo sucedido, superan sentimientos de odio y rencor desarrollados durante el enfrentamiento, inician un mutuo reconocimiento y sientan las bases para un pacto tácito, espontáneo y voluntario de amistad”. Vaya reto.

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